MONUMENTO A JULIO ROBLES
(SALAMANCA)
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Emplazamiento: Plaza de toros "La Glorieta" Medidas: Escultura: 2,60 m. Pedestal: 1,50 m. Material: Escultura: Bronce patinado Pedestal: Granito gris Inauguración: 14 de enero de 2002 |
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“Una escultura , magistralmente modelada, y pasada a bronce, se yergue ante la plaza salmantina” “Salvador ha captado, magníficamente, uno de los gestos más característicos de Julio Robles, en sus tardes triunfales; retador, satisfecho, valiente, sonriente, con los brazos en alto, mostrando orgulloso al público, a sus seguidores, las orejas del toro amigo-enemigo. Gesto taurino por antonomasia de un torero salmantino con ligazones amistosas y profesionales en Astorga; escultura descubierta por un alcalde bien ligado a nuestra ciudad; y un escultor hijo de un astorgano que despuntó como artista en Salamanca. Más no se puede pedir.” Martín Martínez |
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El escultor Salvador Amaya ha logrado una buena obra de Robles, de un admirable realismo” “La expresión de Robles está calcada”
Carlos Manuel
Pereletegui
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Mi alma nunca había sido partícipe de la sensibilidad
taurina; desde la infancia, me enseñaron a respetar toda creación y
manifestación artística; pero la tauromaquia –y debo ser sincero- nunca
fue mi fuerte, a sabiendas de que uno de los muchos amantes que el arte
tiene es el toro.
Cuando el Excmo. Ayuntamiento de Salamanca me encargó el boceto y posterior modelado de la escultura del torero Julio Robles, y más concretamente el Alcalde del municipio D. Julián Lanzarote, sentí que mi corazón daba “siete vueltas de campana” –expresión tan popular y sencilla como sincera-; debo de reconocer que algún fantasma se antepuso entre la realidad y la razón. No puedo negar que el proyecto me entusiasmó. Primero, por rendir merecido homenaje a tan importante diestro; segundo, pero no en importancia, por su ubicación: Salamanca. Salamanca es en mi vida sangre materna, sueños de niño e ilusiones de artista. Salamanca siempre me inspiró –qué difícil es encontrar la inspiración, cómo se esconde y cómo juega entre las angustias y los deseos del artista-.
Sólo el que insufla vida a sus sueños, sólo el que vuelca su alma hacia la creación, comprende lo difícil y complicado que se torna dar vida a la frialdad que se viste el mármol o a la pulida oscuridad que desvela el bronce.
Decenas de fotografías, artículos periodísticos vivieron sus horas informativas en mis horas de vida y sueño. Leí, estudié, pensé; imaginé su cuerpo y su alma; construí de la “nada” un personaje. El silencio y la soledad modelaron, con sus silenciosas manos insatisfechas, la figura del maestro tal y como la concebía mi alma; pero muchas veces, casi siempre, la razón y el alma no miran con el mismo iris, y así, nacieron desde la ira, bocetos y bocetos: horas en blanco y segundos de inspiración suma y certera. Tras muchos enfados con mi “ego”, tras ser mordido por la “paciencia cansada”; después de romper mi tacto buscando la verdadera piel de su rostro y de su espíritu; logré dar vida al barro que después de tanto tiempo, enloquecía en mis manos.
Nace para la eternidad esta escultura desde el hiriente silencio que la soledad aviva. Influencia de la sacra divinidad del héroe triunfante. Su victoria lo es ante la vida y la muerte. Humildad, sencillez y maestría hilan las luces de su traje de faena. Bèziers amortajó con su negritud la temprana vida de Julio Robles; pero hoy que siento la mirada de su alma, veo llorar a todas las sombras que huyen despavoridas buscando refugio en la insonora luz de la eternidad. Gracias, Julio Robles, por hacerme entender tu arte y tu gloria; gracias por sensibilizarme con el mundo taurino. Después de ver tu rostro fuera de mis manos, sólo pude decir: “No hay roble que muera a manos de la vida, ni vida que silencie con sus llamas tu tronco”.