MONUMENTO A LA LIBERTAD
ALCORCÓN (MADRID)
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“ es la mujer más libre que he visto, está desnuda, sin compromiso, sin la seducción de la telas; sólo su alma libertaria está a punto de iniciar el vuelo desde la mano que alza esperanza del hombre “
Salvador Amaya
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En el Monumento a la Libertad, Salvador Amaya vuelve a recurrir a mujer como motivo y símbolo. El cuerpo humano, en este caso el femenino, es inabarcable. Llevamos desde las cavernas utilizándolo como medida de todas las cosas y aún hoy es perfectamente válida su utilización. Aún nos sobrecoge, nos vemos reflejados en él y de forma intuitiva reconocemos su significado. Salvador Amaya lo sabe. Salvador Amaya conoce la técnica escultórica. Lo ha vivido desde siempre en su casa y parece algo natural en él. Modela como quien lee. No desconoce este artista la iconografía; es más, la domina y utiliza en su justa medida. Pero lo que sabe este artista es a ver en el cuerpo humano la magnitud con la que medimos lo universal. Pablo Gómez
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Emplazamiento: Plaza de la Libertad (Alcorcón) Medidas: Escultura: 3,50 m. Pedestal: 4 m. Material: Escultura: Bronce patinado Pedestal: Pizarra Inauguración:8 de mayo de 2003 |
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Estoy sentado y miro, absorto, el movimiento del vacío:
perfume visible que da
existencia y vida invisible a la imaginación.
Pienso, respiro ideas; unas
libertarias, pero las más condicionadas
y sometidas a todas y cada
una de las llamas que a nuestra voluntad rodean.
Observo con quietud
depredadora la rama inquieta
en que viven mis fantasmas y
espectros insatisfechos.
Espero, sin esperanza
alguna, toda inspiración, ahora ausente.
Contemplo con paciencia y
sapiencia contenida
el diluir de mi gaseoso
ánimo. Todo es abstracción:
intentos imberbes; refugios
nevados sin interés para el
bello paisaje del que forman
parte.
Todo es espera; desespera mi
alma y espesa
el peso sólido de la fría
llama:
duerme ya el calambur y la
inapetente metáfora dormida.
Pero, de repente, brota del
silencio la diana floreada,
la explosión atómica en el
intelecto: sinfónico
estallido sin lógica ni
demostración empírica.
Toda idea nascente en los
artificios del cielo
vierte su luz en mi ánfora
modelada con pólvora eléctrica.
Aprieta el agua el cuello de
la clepsidra
con el goteo intermitente de
religiosos segundos concedidos.
Nace del caos y del abismo
el fuego reconciliador:
nace la idea, la forma, la
materia, nace lo que nace...
Y mi ánimo respira
condensada satisfacción
al ver que mi mente está
contenta.
Todo es forma viva en ese
maldito y callado amasijo de barro:
montaña de lodo que observo
y miro y atisbo desde lo alto.
Todo habla, palpita, al fin;
canta el alba tras el lutado silencio.
De la nada nace un símbolo:
un ideario.
Mi mente, mis manos
han dado vida a esta
escultura viva:
y hoy nace de mis mortales
manos.
Nace viva y serena y pulida
como el sol de primavera.
Vive y nace en luz broncina,
y rompe su cuerpo con su
torso desnudo, desvistiendo así, su sedosa alma.
Todo es libre: su alma, su
cuerpo, su mente, su palabra,
su aire, sus huellas, sus
manos, mis manos...
Todo es libertad entera.
Antonio Pascual Alcaide